
Las espinas se secan alrededor de la mesa…
Un soplo ardiente alza una servilleta
que cae temblando entre los silencios que,
frente a frente, se miran sin verse.
Rosas del desierto ruedan entre las mesas,
enredándose en los pies de los beduinos
con pajarita,
que las apartan a patadas.
El oasis de una bandeja de aluminio
refleja un sol halógeno.
Las dos cabezas ciegas
siguen ahí:
Ante su oasis seco de café negro
y palmera.
El desierto vertical se alza
como un muro ondulante y traslúcido.
Un simún ácido de tabacos
forma remolinos de serrín que se apila
en las esquinas.
Las palabras arañan,
se enganchan en la laringe.
No hay agua que las ayude a avanzar.
Ella escruta nerviosa el plano
de la carta de cócteles
con la esperanza de descifrar las claves
que la guíen a la salida.
Pero cuando alza la vista,
los ojos del lagarto
repiten:
“ESTA USTED AQUÍ”.
…