domingo, 25 de abril de 2010

ULTIMA NOCHE



El olor a fango
asciende tan rápido
por mi nariz
que mis pulmones se cierran.

Toso
y una nausea
se asoma.

Respiro
y trato de acostumbrarme
a la oscuridad
a la humedad
al aire tibio,
tan tibio
que casi hace volver
otra nausea.

Tiro de mi pierna derecha
y mi pie se despega del suelo
simulando una sorda explosión.

Al apoyarlo
un poco más adelante
el sustrato sisea viscoso.

Despegando un pie tras otro
tejo una cadena
de pasos burbujeantes,
deslizantes…

El suelo inseguro
acompaña mi caminar
con chasquidos y borboteos
que recuerdan
seres que se arrastran.

Aprieto los dientes
y me niego a dejarme llevar
por el pánico.

Es la última noche.

La última noche de miedo,
la última de mentiras,
de gritos,
de asco.

La última noche
que sabe a sangre,
que sueño con vértigo,
que siento el fuego,
que huele a azufre,
a ceniza,
a dolor…

Mi última noche oscura.

Mi última noche sola.

El filo del amanecer
corta la noche
como una cuchilla.

Y atravieso el cristal azul
de la mañana
mientras la noche
se desangra.


miércoles, 31 de marzo de 2010

LAS PALABRAS ME HIEREN O ME SALVAN







Escucho
el goteo rítmico de palabras
que, en su vaivén,
me mecen y me arropan,
Suaves, pausadas,
se deslizan por mis oídos
con un suave cosquilleo,
hasta que me voy quedando
dormida…

Bruscamente
me despierta el estampido
del torrente de palabras
al romper la barrera del sonido.
Avalancha impetuosa,
sin orden,
sin ritmo,
sólo estrépito resquebrajado
que huye
dejando tras sí
el zumbido oscuro
del vacío.

Poco a poco,
el tic-tac de las palabras
vuelve a llenar el aire.
Palabras dulces,
tiernas,
acompasadas,
marcan el paso
impalpable
de un nuevo sueño,
y con cadencia de latido
me voy sumergiendo,
nuevamente,
en otro sueño.

Dulces sueños,
si tus palabras quieren.

Si tus palabras lo eligen,
pesadillas.

Sílabas como olas
salpican signos de puntuación
en cada esquina de mi vida,
mientras mantengo el equilibrio
con los ojos fijos
en la telaraña que forman
las palabras que pronuncias.



sábado, 20 de marzo de 2010

GEOGRAFIA Y GEOMETRIA




Late
bajo una lluvia de alas de escarabajo.

Fluye
y cambia de forma.

Roza
el fino tapiz de musgo,
y se deja humedecer.

Dos gotas de lluvia
brotan a su lado
y lo salpican,
pero no logran
encontrar su entrada.

No hay diagonales,
ni tangentes,
solo líneas curvas, que
vuelta tras vuelta,
ascienden hacia la cima
para luego dejarse caer
hasta el vértice inferior.

Despliego el plano,
y miles de líneas rectas
se enredan ante mis ojos.

Busco el rincón
de los amores pasados…

Solía estar abajo,
a la izquierda…

Pero la hiedra
crece hacia el norte
y borra el camino.

Mientras un gorrión me sonríe,
llueven hilos de telaraña,
y yo,
con el dedo en el mapa,
vuelvo al Sur,
hacia donde cae la luz,
vuelvo al Sur,
desde donde todo fluye,
donde el vértice del corazón,
se inclina hacia un lado,
como escuchando atentamente…

Y le hablo,
le hablo de rincones olvidados,
de planos del tesoro,
de mariposas imposibles,
de alas de escarabajo,
que, cortadas en primavera,
llueven
sobre los corazones solitarios.



martes, 23 de febrero de 2010

LA VIDA EN UN VERSO





Corro con los ojos cerrados.

Mil espigas
se arremolinan a mi alrededor
y deletrean sílabas doradas.

La estela de tu cuerpo
abre surcos,
tumba tallos,
que, al desplomarse,
componen nuevos versos.

Te sigo.

Cierro los ojos
y te sigo,
poniendo cada pie
exactamente
donde has dejado cada verso.


sábado, 13 de febrero de 2010

EL SAPO Y SU FLAUTA




Es un susurro lejano,
como el viento entre las ramas…

pero va adquiriendo
cadencia de latido…

Oscila, es ronco,
para,
y vuelve a empezar.

Sopla, gime,
va y viene…
cada vez más hondo,
hasta que se siente en el diafragma
como un tambor gigante.

Sopla
como el fuelle de una fragua.

Silba
como la llama de un incendio.

Rechina
como la llave de un baúl.

Jadea en cada golpe,
gime en cada pausa,
cruje en cada empuje…

Rompe la calma del bosque…

Más rápido,
más áspero,
mas ronco…

Las cañas del estanque
vibran como flautas.

El ojo fijo del sapo
sigue el vuelo de las libélulas.

Pero no bailan su baile.

Y se queda solo.

Solo,
con su flauta.

domingo, 17 de enero de 2010

NOVILUNIO




La bóveda negra
se va salpicando
de blanco corrosivo.

Un incendio
en una esquina
se consume a sí mismo,
sin dejar escapar
ni una gota de luz.

Cuchillos en el cielo
perforan heridas heladas
por donde escapan las tinieblas.

Solo dos lágrimas
recuerdan
dónde estaba la luna.

domingo, 13 de diciembre de 2009

EL PARQUE VACIO




El parque
sabe a sol.

Los niños lo prueban
y juegan con sus rayos.

Rayos de sol
que se enredan
en los peldaños del tobogán
de ida
y vuelta.

El parque sabe a sol,
a savia verde,
a regaliz de palo…

Los columpios
recuerdan el calor de las manos
de los niños invisibles,
mientras se tambalean
en el viento inseguro.

Las flores exhalan su aroma
a piruleta
y los balancines
dibujan escuadras imposibles.

El parque huele a sal.

Las palomitas calientes
crujen bajo mis pies,
mientras un aura de tos
me envuelve como un mundo.

Mi mundo.

Lamo el sol
que se refleja en el surtidor.

El parque es un helado
de limón,
frío y brillante,
solo para mí.


viernes, 20 de noviembre de 2009

UN LUGAR LLAMADO OTOÑO




El espejo del suelo
refleja el plomo.

Un disco rojo de cobre
tiembla.

Hilachas de algodón
vuelan altas.

Camino.

Cae una hoja
y se pega ante mí.

La salto.

Pero otra se me cruza.

Al lado,
otra.

La evito
mientras ya otra me corta el paso.

Van cayendo,
una a una,
dos a dos…

Camino en zig-zag
entre el traje de hojas
que va vistiendo mi camino.

Mientras veo
como se monta el puzzle.

El suelo aún brilla.

Quedan trozos de sol mate
y chispas de charcos fugaces.

Pero caen más hojas.

A mi alrededor,
solo madera vieja.

Bajo mis pies,
hojas.

El otoño
con manos de sastre
desnuda los viejos árboles
y juega con sus retales.

Cose un “patchwork”
para arropar la tierra.

Mientras la madera tiembla,
las hojas sueñan,
y los dedos del sastre
completan su trabajo,
parche a parche,
puntada a puntada.

La Tierra,
arropada,
duerme.


viernes, 13 de noviembre de 2009

PALABRAS PEQUEÑITAS



Luces verdes
iluminan bosques diminutos.

Luciérnagas
que revolotean entre las palabras.

Palabras breves,
de una sola sílaba,
que se desperezan deslumbradas,
y ruedan perezosas sobre los tréboles.

Solo basta alargar la mano
para coger la que necesitas:

Sed,………………………..

……sal,…………………..

………..mar,………………

…………….. luz,………….

…………………..paz……..

Pequeñas,…………………..
…………..redondas,………..
………………… brillantes…

La luz verde
indica que están libres.

Y vuelan,
cada una iluminada por su luciérnaga,
entre el bosque de palabras pequeñitas,
para dejarse atrapar
por quien busca la palabra.






…

miércoles, 14 de octubre de 2009



Es fresca
y amarga.

Empolvada
de luz verde
y veneno.

Resbala sobre la corteza rugosa
crujiendo,
y se sume
en el musgo húmedo.

Baila a la luz del sol
y se recorta
contra la luna.

Filtra los pensamientos,
contamina las miradas,
bajo ella
crecen hongos rojos
y amapolas
azules.

Huele a ocre,
sabe a noche,
araña los párpados
que se atreven a mirar
hacia arriba.

Convierte las gotas de rocío
en ácidas lágrimas
y los goterones de lluvia,
en sangre tóxica.

Crece en círculos
cada vez mayores
hacia la noche,
y se arrastra
hacia los pies.

Donde toca,
quema.

¡Cierra la Puerta del bosque!

Que no huya
la sombra del tejo.