
Es fresca
y amarga.
Empolvada
de luz verde
y veneno.
Resbala sobre la corteza rugosa
crujiendo,
y se sume
en el musgo húmedo.
Baila a la luz del sol
y se recorta
contra la luna.
Filtra los pensamientos,
contamina las miradas,
bajo ella
crecen hongos rojos
y amapolas
azules.
Huele a ocre,
sabe a noche,
araña los párpados
que se atreven a mirar
hacia arriba.
Convierte las gotas de rocío
en ácidas lágrimas
y los goterones de lluvia,
en sangre tóxica.
Crece en círculos
cada vez mayores
hacia la noche,
y se arrastra
hacia los pies.
Donde toca,
quema.
¡Cierra la Puerta del bosque!
Que no huya
la sombra del tejo.
