
El espejo del suelo
refleja el plomo.
Un disco rojo de cobre
tiembla.
Hilachas de algodón
vuelan altas.
Camino.
Cae una hoja
y se pega ante mí.
La salto.
Pero otra se me cruza.
Al lado,
otra.
La evito
mientras ya otra me corta el paso.
Van cayendo,
una a una,
dos a dos…
Camino en zig-zag
entre el traje de hojas
que va vistiendo mi camino.
Mientras veo
como se monta el puzzle.
El suelo aún brilla.
Quedan trozos de sol mate
y chispas de charcos fugaces.
Pero caen más hojas.
A mi alrededor,
solo madera vieja.
Bajo mis pies,
hojas.
El otoño
con manos de sastre
desnuda los viejos árboles
y juega con sus retales.
Cose un “patchwork”
para arropar la tierra.
Mientras la madera tiembla,
las hojas sueñan,
y los dedos del sastre
completan su trabajo,
parche a parche,
puntada a puntada.
La Tierra,
arropada,
duerme.
